CARACAS DESPUES DE CARABOBO
Por Guillermo José Schael
El aspecto de Caracas en
1821 debió ser triste por su desolación. A solo nueve años del espantoso
terremoto de 1812 que la dejó despoblada y pobre, no había podido recuperarse
de tanto desastre y ruina; por doquier se veían escombros de casas y de templos
que antes habían sido galas de ella como lo atestigua el francés Depons cuando
la visita y permanece en ella de 1801 a 1804. Desde su Plaza Mayor o de la
Constitución, podían apreciarse los efectos del sismo; la Catedral con su torre
recortada y la fachada sin el remate de su tercer cuerpo; la parte sur de los
portales de piedra de sillería en estilo neoclásico con que la había dotado el
Gobernador Don Felipe Ricardos en 1755 ya no existían. Una recorrida por sus
calles y plazas era como para entristecer el ánimo del más despreocupado; por
todos lados escombros y más escombros. Por otra parte, la guerra también había contribuido
a despoblar la ciudad pues muchas familias emigraron a las Antillas, y otras
muchas vieron morir a sus hombres y hasta sacrificar a las propias mujeres víctimas
de la guerra.
Paralizados se vieron los
ambiciosos planes que se hacían para una nueva Catedral, los cuales venían
haciéndose desde finales del siglo XVIII. Caracas estaba tan pobre que ni siquiera
podía reponer el reloj de la torre de la Catedral tan necesario para regir las
actividades comerciales y de trabajo de toda índole; para marcar las horas se
valían de un pequeño reloj colocado en el puesto de guardia del Principal que
indicaba cuando debía ser teñida una campana colgada en Improvisada armadura de
madera. Ni el Cabildo eclesiástico, ni el Ayuntamiento Civil tenían recursos
para resolver el grave problema de conocer la hora que marcaba el viejo reloj
de la torre y permitía antes a obreros y empleados ocurrir al cumplimiento de sus
diarias ocupaciones.
A la ruina causada por la
naturaleza, se agregaba la producida por los hombres en la sangrienta guerra de
la independencia en que pereció gran parte de lo mejor de la juventud
caraqueña. Basta recordar al respecto las conmovedoras palabras del Libertador
cuando regresó a su querida ciudad natal en los primeros días del año de 1827.
La recuperación de Caracas
muy lenta porque, después de la cruenta guerra independentista, vino la guerra
civil prolongada y devastadora. Caracas, sin duda, comenzó a renovarse en tiempos
de Guzmán Blanco quien, con su visión europea, quiso darle otra fisonomía;
pero, la pobreza del erario público, no permitía mayores empresas. Tanta fue la
ruina de Caracas con el terremoto de 1812 que todavía a principios del presente
siglo se veían escombros de casas derribadas por el tremendo sismo.
Caracas había quedado pues
virtualmente despoblada después de aquel terremoto del año 1812. A los efectos
de esta calamidad debe agregarse la emigración a Oriente y la entrada de Boves
a la ciudad lo cual determinó la salida de gran parte de la población
identificada con la causa patriota, temerosa de caer en manos del sanguinario
caudillo realista. Otra parte había perecido en la guerra víctima de las
epidemias. Las descripciones conocidas nos hablan de una ciudad “de aspecto
abandonado y ruinoso” de noche dicen aquellas la ciudad permanecía a oscuras.
En una descripción que en 1838 hada Codazzi de la capital venezolana expresa que en ésta existen ocho plazas y unas veinte iglesias, capillas y conventos. Al enumerar las primeras el famoso militar y geógrafo expresa "La ciudad tiene 8 plazas que son Catedral, Candelaria, San Pablo, La Trinidad, San Jacinto, San Lázaro, La Pastora y la de San Juan, más grande que las anteriores, pero de una forma irregular y sin empedrado. Las calles están en línea recta, de 8 a 10 varas de ancho y cortándose en ángulo recto. ElCantón Caracas tiene 6 parroquias. Un censo realizado el año 1829 fija el número de la población en 28 mil habitantes.
Es la misma ciudad que iría
a ver Bolívar cuando la visita por última vez el año 1827. En aquella ocasión
el escribe Páez en una carta a María Antonia “entra lleno de júbilo y alegría a su ciudad
natal”.
Refiriéndose al mismo
acontecimiento, Enrique Bernardo Nuñez dice en su crónica: "Era el
miércoles 10 de enero de 1827. En las calles se habían erigido arcos de palmas
y sauces. El Libertador llegó a caballo hasta la entrada de la ciudad, en el
Paradero de San Juan. donde tomó el coche guiado por su mismo propietario, el
ciudadano americano (39) Jacobo Idler. Los caballos del coche estaban cubiertos
con mantillas amarillas. Allí le esperaba el Concejo Municipal, la Universidad,
el Colegio de Abogados, las comunidades reIigiosas, un cuerpo de tropas y Ias
milicias ciudadanas. El Libertador llevaba casaca azul y pantalón rojo. Páez lucía
uniforme blanco bordado de oro. La gente se agolpaba en las calles, hasta en
los techos y era muy difícil al coche abrirse paso.
Desde las ventanas, las
mujeres con sus más ricos atavíos arrojaban flores, Los hombres lucían cintas
blancas en el sombrero con la siguiente leyenda: "¡Viva el Presidente Simón
Bolívar!”.
El Libertador asistió a
diversos agasajos preparados por los notables de la ciudad. El domingo 14 se
dirigió a la Quinta Anauco donde el General Rodríguez del Toro le ofrecía un
almuerzo. Todas las casas de la calle Los Bravos o de la Candelaria, señala el
cronista: "estaban engalanadas en su trazado; con banderas y colgaduras de
damasco "Las fiestas en Anauco” Enrique Bernardo Núñez nos describe en
amena prosa parte de los actos celebrados allí con este motivo.
La Plaza Mayor de Caracas solo
fue modificada casi medio siglo más tarde en los días de Guzmán. Al separarse
Venezuela de Colombia el año 30 ofrecía el mismo aspecto que tenía la memorable
mañana del de abril de 1810. En relación a la misma el historiador Carlos
Manuel Möller, autor de uno de los estudios más completos sobre la Plaza
recuerda que en 1755 el Gobernador don Felipe Ricardos "hizo construir los
portales que la rodeaban por sus lados sur y oeste. Eran 45 tiendas, dice, con
un pórtico corrido. En el ángulo noroeste, precisamente frente al nuevo edificio
ocupado por la Gobernación, añade Möller estaba el pabellón o cuerpo de guardia
de oficiales que tenía debajo el de los soldados. En el norte de la Plaza, en
el sitio que usualmente ocupa la música, habla una escalera distinta a la que
conocemos. Möller tras citar un plano reproducido por Santiago Key agrega: “Como
dato curioso e interesante, quiero hacer destacar la distancia de que en este
plano aparecen trazadas las famosas gradillas que dieron nombre a la esquina.
Posiblemente los portales del sur de la Plaza cayeron con el terremoto, termina
diciendo Möller, o tal vez no llegaron a edificarse, pues no aparecen en el
dibujo que ilustra esta página.
En agosto se instala el
Concejo Municipal elegido por las autoridades republicanas después de conocido
el triunfo de las armas patriotas en Carabobo el 24 de junio de 1821. Al
escritor Néstor García Chuecos debemos el hallazgo de las actas de cabildo en
el Archivo Nacional correspondiente al período del 10 de enero al 7 de Julio de
1821. Son documentos de no poco Interés en los orígenes de la vida municipal
bajo el imperio de las instituciones republicanas. En agosto de aquel año cumple
en Caracas funciones de Gobernador José María Ramírez y para integrar el
Ayuntamiento son elegidos Juan Nepomuceno Chávez y Pedro González, Tomás
Lander, José Antonio Diaz, Valentín Osio y Pedro de Herrera. En su trabajo a “Un
Cambio de Régimen” asienta Enrique Bernardo Núñez;
“EI nuevo Concejo ha de
hacer frente a los más variados problemas. Es preciso organizarlo todo,
educación, sanidad. rentas, policía, alumbrado, ornato, estadística, etc., Las
boticas se hallan en manos de niños y mujeres. Se dispone que los boticarios
presenten títulos en el término de ocho días. El célebre boticario Juan
Bautista Rocha se halla encargado de la “Botica del Estado” y no puede atender
a la suya propia que se halla cerrada"
Una relación verdaderamente
patética del aspecto que ofrecía Caracas después de Carabobo está contenida en
las referidas actas del Cabildo: “A los 20 días de su instalación el Concejo
declara que tiene compromiso que cumplir. En la ciudad hay muchos variolosos y
los padres se cuidan poco de aplicar las vacunas a sus hijos. Los leprosos
andan y se mezclan libremente con el público. Las calles están todavía
cubiertas por escombros dejados el terremoto del año 1812. Caracas no tiene
cementerio, cadáveres permanecen insepultos en los hospitales de San Pablo y
Candelaria. Se ha visto a los perros arrastrar por las calles “trozos de
cuerpos humanos”. Sobre la ciudad se ha desatado una ola de robos. Se prohíbe
el uso de capote o esclavina a partir de las 6 de la tarde. Todo el que lleve
armas sin permiso, o por razón de su empleo, será considerado sospechoso. El
concejo elabora un reglamento de Sanidad que envía para du revisión al
Protomédico José Joaquín Hernández. En un compendio hecho por Julián Viso este manifiesta:
'Merecen mención el acto de la Municipalidad de Caracas el 29 de Julio contra
el Decreto y Bando del Comandante General del Departamento, General Páez, sobre
recluta y el manifiesto de este general justificando dicha medida con fecha 10
de agosto en Maracay.
Según el historiador Manuel
Landaeta Rosales para aquella fecha "Caracas tiene Una Universidad, un
colegio para varones, dos colegios nacionales de niñas, un Seminario y es asiento
de un Arzobispado desde 1084”.
En la primera década de
nuestra historia republicana son célebres los colegios para varones que fundan
en Caracas Feliciano Montenegro Colón, José Ignacio Paz Castillo con los
nombres de “La Independencia” y "La Paz" respectivamente, y poco
después los de a “Roscio” y "Caracas” que fundan respectivamente Manuel
Antonio Carreño y Tomás Víctor Bermúdez. Por un decreto del General Páez de 14
de octubre de 1830 se creó la Academia de Matemáticas bajo la dirección de los
ingenieros Juan Manuel Cagigal y Rafael Acevedo.

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